Creo que los libros son como las frutas: hay momentos perfectos para consurmilos, y cuando no es “su tiempo”, se vuelve muy complicado terminarlos.
Digo esto porque después de una racha de libro tras libro padrísima, me topé con dos libros que simplemente NO PUDE terminar. Quizá algún día los retome, pero por lo pronto no me latieron y me desmotivé.
Entonces, cuando entrevisté a Michel Domit y me platicó sobre su libro “Ser, Hacer y Tener”, pensé: “chance y éste sí se me da”. Sobre todo que fue a raíz de que llegó su libro a la revista que se me ocurrió buscarlo.
Nuevamente, gracias a mi magnífico (y esta semana CANSADÍSIMO) trabajo, tuve oportunidad de conocer a una GRAN persona. La dedicatoria de mi libro me encantó, así que me puse las pilas y ya lo terminé.
Para leer este libro, hay que tener cuaderno y pluma a la mano... o laptop, pero ésto último se me complicó porque no es el típico libro que puedes leer en todos lados, ya que requiere mucha concentración.
En la entrevista, Michel me dijo: “yo sé perfectamente –cuando la gente llega y me dice que leyó mi libro– si realmente lo leyó; porque es un libro que te cambia” (de hecho el slogan “¡Atrevete a cambiar tu vida hoy!”). Ya que lo terminé entendí por qué.
El libro empieza con un ejercicio en el que te tienes que imaginar que te quedan 30 días de vida. Obviamente te va llevando de la mano como en una especie de meditación guiada (nada más que en lugar de OÍR al guía, lo estás leyendo).
Gracias a que tengo un papá medio loco, yo tengo muy metido el chip de que cada día me puedo morir. Cuando tenía como 3-5 años, mi papá viajaba mucho por su trabajo, entonces cada vez que se iba, nos decía a mi hermano y a mí: “acuérdense: al que le toca, le toca. Nada de enojarse con Dios”. ¡Bonita manera de despedirse! Ja!, pero bueno, era su forma de decir que si se moría, nos veíamos después... en el cielo.
Luego, cuando más grande me enojaba con mi mamá, le hablaba a mi papá y me decía: “pues tú sabes si quieres hacer las paces o no, nada más piensa si te vas a dormir tranquila si se muere (ella) ahorita... o si te mueres tú. El chiste es que te enojes con la tranquilidad de que, si algo pasa, no te quedas con culpa, con regargo de conciencia”.
Entonces cuando en Michel me dijo del ejercicio, pensé “paaaan comido, I’m used to it!!!”. Pero noooooo!!!! Es muy distinto. Sinceramente confieso que no sé en qué radica la diferencia, pero sí “toca otras fibras”...
Lo que este libro quiere transmitir es la importancia de planear nuestra vida. No importa si nos quedan 30 días, 2 años o 3 décadas de vida... Nuevamente, les comparto que en reiteradas ocasiones he hecho mi Plan de Vida, el cual termina exactamente en el mismo lugar: el cajón más olvidado de mi librero. Entonces este libro es una NUEVA invitación a sentarme, pensar, reflexionar, anotar y continuar.
Lo padre es que explica perfectamente bien cómo deberíamos orientar nuestras prioridades basados en el Ser, el Hacer y el Tener, y cómo en Occidente hemos “volteado” las cosas, dándole más importancia al Tener, luego al Hacer y luuuego al Ser, cuando realmente –al morir– no nos llevaremos nada del Tener y del Hacer, pero sí –y únicamente– del Ser.
Ejemplo: Supongamos que mi objetivo es SER detallista porque cuando me vaya “al otro mundo” me quiero llevar conmigo todas esas buenas experiencias de cuando le hice la vida más amena-feliz al otro.
Lo que tengo que HACER para ser considerada detallista es: acordarme de los cumpleaños de mis familiares y amigos, llamarlos cuando estén enfermos (si es posible, visitarlarl@s en el hospital), llevarles un regalito cuando tengan un éxito (personal o profesional), traerles algún recuerdo de mis viajes (puede ser un llavero, no necesariamente algo caro), en general, darme tiempo para ESTAR (simplemente escuchar, compartir, mensajear, hacerles favores, tomarme un café, etc.)
Ahora, ¿qué necesito TENER para HACER lo que necesito para SER más detallista? Pues a lo mejor un iPhone que me recuerde los cumpleaños, mi Facebook para estar al pendiente de sus vidas mínimo de manera cibernética, quizá necesito actualizar mi agenda y para ello tengo que tener una asistente (esto está medio colgado, but we never know), quizá necesito tener una camioneta para hacer rondas (y hacerle la vida más fácil a la chava que tiene hijos y trabaja), dinero para comprar detalles (esos í, hay que investigar primero sus gustos, no como alguien que conozco que me daba puros regalos reciclados, ja!), en fin.
La cosa es que el SER no está peleado con el TENER, siempre y cuando la prioridad sea lo primero. ¿Qué pasa si le damos más importancia al tener? Toda nuestra vida se desvirtúa porque podemos tener mil cosas y llenarnos de actividades, pero en la soledad seremos absolutamente infelices. Y creo que todos conocemos gente así: que es el ajonjlí de todos los moles y al final de la vida se queda solo, amargado y/o triste. Porque su prioridad era tener y hacer... no ser.
También dice que hay que tener cuidado al numerar las prioridades porque, por ejemplo, si en el número 1 yo pongo que quiero ser la mejor esposa del mundo y en el número 2, la mejor editora, esto determinará mis acciones si –en algún momento– me ofrecieran un trabajo en Nueva York.
La verdad es un gran libro, escrito por una gran persona. Si tienen ganas de hacer un alto en el camino y ver qué onda con su vida, se los recomiendo. Porque, como decía antes, no es ni una novela ni el típico libro light. Está heavy, pero vale la pena :) A mí me gustó (ahora espero aplicarme para que de verdad me sirva!!).