lunes, 10 de junio de 2013

After Earth (Después de la Tierra)


SPOILER ALERT!!!

OMG! Qué bonita película. Aplausos para la familia Smith #standingovation: la historia es de Will, la estrella es él y su hijo Jaden (a quien ya habíamos visto en “The persuit of happyness”, otra graaaaan película que me hace berrear), y los productores son (otra vez) él, su esposa Jada Pinkett y el que yo creo ha de ser su cuñado, Caleeb Pinkett.

Esta peli la fui a ver por recomendación de mi papá y se lo agradezco porque de verdad me fascinó. Lloré como Magdalena a partir de la escena del águila. OMG! Eso sí que es instinto materno, me partió el alma, y me hizo recordar la frase de la Biblia que dice: nadie tiene amor más grande que aquél que da la vida por sus amigos, que en este caso sería más bien por sus hijos –tanto naturales (las aguilitas bebés, que se veían súper tiernas) como ‘adoptados’ (Kitai). Fue mi escena favorita. También por el hecho de que Kitai le agradeciera; ese detalle estuvo muy padre.

La relación padre-hijo me impresionó demasiado. El papá súper frío, como alejado, cero cariñoso, pero al mismo tiempo tratando de ser buen padre (después de todo nadie la quiere regar a propósito). El hijo buscando todo el tiempo su aprobación, tratando de agradarlo… Me encantó que lo admira y quiere ser como él, y se impresiona cuando ve que un soldado le agradece haberle salvado la vida y se para con todo el trabajo del mundo para saludarlo como se debe. ¡Y como su padre lo hace con él al final! Bueeeeno, de verdad no podía parar de llorar. Me conmovió muchísimo esa escena.

Otra escena que me rayó es cuando Kitai le pregunta a su padre, el general non plus ultra Cypher Raige, cómo le hizo para que la Ursa no lo detectara, es decir, cómo logró vencer el miedo y hacerse invisible. Y lo que le contesta, ¡wow! Para los que saben, no me dejarán mentir que es 100% Kabbalah lo que dice: que el miedo es una decisión, una emoción que se controla si se cambia la conciencia, un sentimiento que no tiene bases porque usualmente aquello a lo que tememos ni siquiera tiene posibilidades reales de ocurrir. Todo está en la mente, en la imaginación, y por lo mismo, nosotros tenemos el poder de cambiarlo. Porque contrario a lo que hemos creído durante mucho tiempo, es el alma y la conciencia las que tienen poder sobre la mente y el cuerpo, y no al revés. Así que cuando Kitai vence el miedo y la Ursa no lo ve, ¡se me enchinó la piel!

Otro aspecto acerca de esto es la importancia de platicar de cosas importantes en una relación. No digo que con el barista del café nos pongamos a filosofar (¡qué flojera, tampoco!, todos los extremos son malos), pero con una buena amiga, el novio, nuestros papás, es importante hablar de temas profundos, que si bien a veces no son cómodos o fáciles de compartir porque ‘tocan fibras’, pues hacen la relación mucho más fuerte, y con un poco de suerte y apertura, las experiencias ajenas nos pueden ser de utilidad en el momento menos pensado. Yo recuerdo a una pareja con la que me fui a cenar, cuya boda era en menos de un mes, y ella no sabía la religión de él… WTF!? ¿Cómo andas cuatro años y te comprometes a formar una familia con alguien que no tienes idea en qué o en quién cree?, ¿qué valores lo rigen? No digo que sea pecado que no crea en nada o que crea en John Smith (a mí qué, finalmente), ¡pero vamos!, hay que interesarnos por la vida de los que más queremos, preguntarles sobre los highlights de sus vidas, cómo lograron tal o cual éxito, que sintieron cuando tuvieron tal o cual fracaso. ¡Hace toda la diferencia! Y les digo que cuesta porque yo puedo contar con los dedos de las manos las veces que he tenido conversaciones así con mis papás, pero es lo más enriquecedor y memorable. Nada más que ciertamente es mostrar cierta vulnerabilidad, que a veces no queremos que vean (menos viniendo de nosotros hacia ellos, pero también al revés). Así que la conversación que sostienen padre e hijo mientras éste descansa es mi segunda escena favorita. Y cuando vence el miedo y mata a la Ursa, la tercera.

Otro mensaje que me encantó es que neta o le paramos a tanta destrucción o de verdad los animales y las plantitas van a evolucionar para echarnos del planeta. ¿Qué onda con nuestra ambición, avaricia, afán de destrucción? ¿Cuándo nos volvimos tan soberbios de creer que somos dueños la Tierra y todo lo que en ella habita? ¿En qué momento nos desubicamos a tal grado? Creo que tener inteligencia, libertad y voluntad (a diferencia de los demás seres vivos) no es una razón válida para matar sin ton ni son. Estoy 100% de acuerdo en la cadena alimenticia (o alimentaria, como se diga), pero a veces exageramos. Es tanto el deseo de consumir, de desechar, de tener en exceso, que yo creo que, de verdad, o cambiamos de chip o la Naturaleza nos la va a cobrar (si es que no lo está haciendo ya) muy caro. Nos tenemos que ubicar, y mientras más pronto, mejor.

¡Ah! Otra cosa que me encantó: cada vez que Kitai se ponía ansioso, la orden del papá era “Take a knee”. WWOOWW. Miren, yo hace ya tiempo que hago yoga, y la verdad primero tomaba la clase porque estiraba y me servía para no perder flexibilidad. Pero poco a poco empecé a notar que era ya una ‘necesidad’: para conectarme, para darme ese espacio de tranquilidad, para realmente contactarme, agradecer y vivir el aquí y el ahora, sin que nada me turbe, como dice la Virgen. Porque lo que pasó, pasó y lo que va a pasar, va a pasar. Lo único que tenemos es el presente. Es el máximo regalo y lo que realmente existe, y a veces lo desperdiciamos de una manera, que bueeeno… Entonces me pareció increíble que cuando el corazón se agita y la emoción está a 1000, tenemos que plantarnos sobre la tierra y tomar conciencia para analizar bien el paso que sigue. Neta qué lección, está cañón. Creo que nuestra vida sería muuuuy diferente si hiciéramos esto en momentos de tensión, ansiedad, hartazgo, preocupación, tristeza o soledad. Take a knee and a deep breath, and we will see everything more clearly.

¿Y qué tal escena en la que se le aparece la hermana muerta? Está muy cañón. Al director, M. Night Shyamalan, como que por ahí le da, ¡y me encanta! porque creo que es 100% cierto que podemos platicar con los que ya se nos adelantaron a través de los sueños. A mí en lo personal no me ha pasado, pero conozco personas que lo han vivido ¡y está cañón! Me acuerdo que una vez le dije a mi papá que qué iba a ser (yo) cuando se muriera… ¿Quién me iba a aconsejar, a orientar, a jalar las orejas?, y me contestó: “yo, a través de tus sueños, pero cuando me necesites, me vas a oír, te lo aseguro”.  Sea como sea, lo tengo amenazado de que no se puede morir hasta que me case #jaja. 

¡Se me olvidaba!: ¿Qué tal cuando Kitai está en la cascada y le reclama al papá sobre dónde estaba cuando murió su hermana, diciéndole que él (Kitai) no es un cobarde, pero él (Cypher) sí? ¡Está en "Los Cuatro Acuerdos"! Cada quien trae su película, ve lo que quiere ver, oye lo que quiere oír. A lo mejor no tenía nada que ver, pero Kitai se sentía culpable por no haber intentado siquiera salvar a su hermana; Cypher también tiene culpa, pero no sabía cómo expresarla; tiene mucho dolor, impotencia, pero no ha logrado comunicarla de forma asertiva. Entonces cada quien trae su película, y en un momento de tensión, ¡pum!, truena la bomba. Por eso dicen que hay que platicar cada pleito o ‘diferencia’… para que no se junten y un día nomás explote y se acabe la relación (de lo que sea: amistad, noviazgo, matrimonio, o de negocios). Easier said than done, pero creo que es algo que valdría la pena intentar. Aclarar, hablar claramente, ser auténticos sin querer fingir ser alguien más que no somos. Y aprender a hacerlo, claro está, porque es obvio que no nacemos sabiendo cómo comunicarnos.

Finalmente, pero no menos importante, el papel de la mamá. Yo espero con todo mi ser poder vivir la bendición de la maternidad y espero poder ser esa semilla de amor en mi familia. Creo que nadie tiene nuestra sensibilidad, intuición, preocupación... Mi mamá, por ejemplo, está gruesa. En la movie, me encanta que Faia apoya a su esposo, pero que con todo el cariño del mundo le dice: “yo estoy bien, aquí estoy y te amo... Al que tienes que atender es a tu hijo, que no halla la puerta de cómo acercarse a ti”. Cero lo regaña, ni lo hace ver como “¡Aish!, eres un mal padre que hace sentir mal a nuestro hijo, ¡tarado!”. ¡No! Tiene un súper tacto (mis respetos) y como buena e inteligente mujer, logra su objetivo #asusual.

Espero que la hayan visto porque si no ya se las platiqué toda (que conste que avisé), pero si no la han visto, anímense. Son 100 minutos muy bien invertidos. 

domingo, 9 de junio de 2013

11va Carrera Sport City

Después de la tormenta viene la calma o, el día de hoy, yo diría: después de la carrera viene la cama.

Siempre he creído que “todo depende del cristal con que se ve”. Algo puede parecer muy malo, pero cuando estamos abiertos (de mente y corazón), quizá podamos ver más allá y encontrar algo positivo. En mi opinión, cada quien escoge qué lentes se pone y entonces ver el vaso medio lleno… o medio vacío.
La verdad tuve infinidad de pretextos para no participar en la 11va carrera 10K de Sport City, pero también encontré muchas razones por las que sí. Les narro mi experiencia (warning: me inspiré, pero tómenselo con calma, espero que no tengan prisa).


Dormí pésimo. Me acosté a las 11 pm y mi mente no se callaba. Luego me dio mucho calor. Después empecé a sentir un dolor a un costado de la panza y no hallaba cómo acomodarme porque no me decidía si darme un masaje con el colchón o al revés, dejar el dolor del otro lado. Abrí la puerta por el calor. Se metió un mosquito y paseaba cerca de mi oreja. Me di como dos o tres manotazos (auch!) hasta que decidí prender mi Rainmate. Mi mente no se callaba. A las 2:30 am se prendió mi celular. La verdad como que me asusté, pero no era nada: sólo avisaba que ya estaba 100% cargado (qué detalle). A esa hora pensé que sería bueno sacar el ventilador que compré hace tres meses y que por desidiosa no había conectado. ¿Por qué no? Todavía era buen tiempo (digamos que si hubieran sido 5:30 no lo hubiera hecho). Así que prendí una lucesita, enchufé mi ventilador y ahora sí, dormí como reina… a las 3 am.
Pretexto 2: escuchar el despertador a las 6 am en domingo (de hecho ningún día) es algo que me guste. Soy de MUY buen dormir, es una de mis actividades favoritas, jeje. Pero bueno, después de picarle Snooze dos veces, me levanté. Como que oía algo, pero pensé que era la lavadora (cada quien sus mañas, y como yo vivo con más personas…). Cuál va siendo mi sorpresa al ver que estaba lloviendo, ¡pero lloviendo! Osea no se imaginen que estaba chispitiando, no. Entonces bueno, lo tomé como una señal de que debo volver a la cama. Y yo hago mucho caso de las señales…
A las 6:30 recibo un mensaje de una amiga que también correría, que ya estaba súper estacionada, casi que calentando en su carro. Y yo, en pijamas. Finalmente decido, por si las dudas, arreglarme. Mis dos trenzas à la Frida Kahlo rigurosas, y yo, en mi afán de predicar con el ejemplo (FYI: soy editora de belleza de una súper revista), me hago un delineado súper chulo en mis ojazos más cerrados que abiertos. En verde acqua para que combine con la sudadera. Estoy lista.
A las 7, prodigiosamente, deja de llover. Otra señal, pienso yo, para sí correr. Voy a la cicloestación que está atrás de mi casa, cojo la bici (siempre asignan la más lejana, ¿por qué será?) y allá voy. Total, me digo, seguro la carrera empezará retrasada. Finalmente llego al Museo de Antropología (donde era la Salida) ¡y llena la cicloestación! Búscate otra y entérate de que esto sí empezó puntual. Qué estrés. Pero hora de practicar tanta clase de Kabbalah… ¡Autocontrol y sonríe!
Una cosa que noto: estoy más ciega que un murciélago. Literal, de lejos, lo confieso, veo puras manchitas de colores. Así que ahí voy, pregunte y pregunte cada 2 metros a algún cristiano si ha visto una cicloestación. Hasta que un vendedor me dice que “ahí enfrente”… ¡Ah, pues mire! Y ahí sí hay lugar.

Cabe resaltar que debido al piso de (la calle de) Horacio mojado, la bici se me resbaló. Bendito Dios que tengo buenos reflejos, pero tampoco me confío (debería usar casco, I know)… Me repongo del susto, me checo que todo esté bien (ya saben, luego se me rompen los pants en caídas de ese tipo) y pues nada. Sigo en la aventura, pero con más precaución. Yo y mis señales.
Cuando estoy dejando la bici, dan el banderazo para los de 5K (yo iba por los 10, que ya habían arrancado) y yo nomás no veía una puertita a la pista (osea Reforma). Entonces le digo a un señor que si me ayuda a brincarme la barda, y él muy buena gente, me carga. Ahora sí. Empiezo a correr. Y con el debido respeto que me merecen, ¿qué onda con el ritmo de los de 5K? Los rebaso sin problemas (ay, sí, cálmate, fitipaldi).

Como iTunes me cambió la jugada (o actualizó su modus operandis) no pude hacer mi playlist, lo que además, ok, dejé para el último minuto. Anyways. Como puedo le voy a cambiando a la música porque las baladas poperas como que no aplican para este fin de motivar y apurar el paso. De repente dejo de oír, me toqueteo la cintura… y tómala, ¡se me cayó el iPod!

Me paro como caballo, me doy la vuelta, una señora me ofende, pido disculpas y como puedo busco mi gadget entre las piernitas de la gente. ¡Lo veo! Ahora pienso que aunque es algo muy valioso para mí, no tiene name tag. Le debo pegar un sticker por ahí que diga mi nombre y mi cel en caso de que se pierda. Bueno, me escabullo, lo agarro, me lo acomodo (ahora hacia la piel para evitar futuros incidentes) y sigo. Somos un chorro de gente. ¿De cuándo acá todos tan deporteístas? Jajaja, #nosotrosmuybien.

A los 5K hay una división: ellos se siguen y los 10K a la derecha. Veo a los corredores venir de regreso, pero pienso “equis, en 10 minutos los alcanzo” ¡Ay, ajá. Bendita ignorancia! Nomás les digo que yo iba en el 3 y ellos en el 7. Si lo hubiera sabido, chance y aplicaba “la Madrazo”. OK, no, pero hubiera sido una gran tentación. No está cool salir tan retrasado (pero yo no sabía, veeen, blissful ignorance).

Cuando volteo, me doy cuenta que somos como 10 las ovejas desperdigadas (o impuntuales, como se quiera ver). Ahí medio que nos vamos haciendo compañía, pero unos se adelantan y otros se atrasan. Como es la vida, en los pedacitos más complicados (las subidas pues) siempre tengo a alguien a mi lado. Otra señal, pienso yo, para no rendirme o aflojar el paso.
Total en el Bosque de Chapultepec, bello como es, no sabía si reír o llorar. Mejor opté por lo primero pero sí me agarró la angustia de que me saliera un juanete por correr con los pies taaaan mojados, literal, empapados. Además si la gota de sudor en el ojo ya es incómoda, ¡agréguenle con delineador! Not nice. Otro pensamiento que pasaba por mi mente era: Diosito, está cool que riegues tus plantas, tú sabes que estoy a favor, pero ¿no lo podías hacer más tardecito? Onda  a las 2 de la tarde… o 3. Los de Paseo a Ciegas no van a ir a la bici.

En el kilómetro Toyota (creo que era el 8) hay unos arlequines que me echan porras como si fuera Bianca Bolt. Traen una súper fiesta y yo me uno. Aplaudo y medio bailo, pero me sigo.

Shit! Ya no hay nadie, ¿y ahora para dónde? Pregunto y un corredor que viene de regreso me orienta “todo derecho y en Reforma a la derecha”. #nooot Era en Reforma a la izquierda, pero equis. A lo mejor me quiso decir que era para su derecha, que es mi izquierda, y no capté. 

Finalmente llego a la meta. No ensopada… ¡lo que le sigue! Lo un poco cruel del asunto es que los organizadores están a dos de cerrar el changarro.
Me toca una playera XXL (buen detalle, permítanme reconocer), pero curioso porque ayer que fui a recoger mi paquete sólo quedaban XS. En fin.

Agarro de todo: Gatorade, mi bolsita de recuperación (plátano, naranja y agua) ¡y mi medalla! Los chicos aplauden, gritan, ¡muy emocionados! y yo subo los brazos como si estuviera ganando quién sabe qué. Nos reímos todos. Lo padre de estas carreras es la buena vibra. Las endorfinas hacen muy bien su trabajo.

Después me tomo la foto del recuerdo. Han de saber que siempre llevo 50 pesos para este fin desde que mi mamá no me acompaña (porque una vez batallamos para encontrarnos y desde entonces me abandonó). Nada más que por la lluvia se imprime medio raro… medio mal, más bien. Así que me hace “un descuento” de 10 pesos (na nais, cuestan 40, pero bueno, su esposa lo echó de cabeza y me tuvo que cobrar lo justo). Intento marcarle a mi amiga y una voz grabada muy amable, cortesía de Telcel, me dice que mi número está suspendido. ¡Ah, caray! ¿Te cae?, ¿desde cuándo?
Total, según yo me estiro (algo que siempre se me olvida y luego lamento) y me como mi plátano. En el inter le pido a un muchacho que le mande mensaje a mi amiga diciéndole que la espero en donde dice “Guardarropa”. Mi amiga me contesta que ya se fue porque, al igual que todos, acabó hecha una sopa y le urge bañarse porque corre medio maratón el próximo fin. ¡Ya no la vi! Un fuerte buh. Pero bueno, ya nos tomaremos un café.

Por ahí oigo una voz de “vengan por su desayuno”, y yo muy obediente, me acerco. City Café está regalando chapatas para todos, ¡yummy! Agarro una, luego me dan un agua de coco (que no se ven taaan natural; dejen la pruebo y les digo) y me sigo viendo a ver qué más dan. Ya saben que gratis hasta cachetadas, jaja, just kidding.

Me dan una dona de chocolate (¿poooor?), un kit de Jalea Real de Grisi y otra chapata (pues bueeeeno). Pregunto por el Hospitality de Toyota, que fue la marca que me pichó la carrera, pero nadie sabe dónde está, y la neta ya no estoy para investigar. Tengo empapada hasta la conciencia.

¡Ah! Del tiempo, ni me pregunten. No tengo ni idea :( Y desde que me cercenó el esternón, no uso Polar. Tendré que comprar algún gadget más sofisticado que me mida los tiempos... Sheldon Cooper me regañaría por correr como conejo...
A como puedo llego a la Cicloestación de Rubén Darío, acomodo todos mis regalitos en la “canastilla invisible” y me arranco. Me tengo que parar cuatro veces a reacomodar mis cosas, pero finalmente llego a la estación de mi casa y sin mentir, no siento ni manos ni pies. Ok, this is sooooo not cool.
Entro a mi cuarto dejando afuera tenis y calcetines para no ensuciar la alfombra (como si los pants no estuvieran empapadérrimos, pero ni modo de que me encuere, ¿verdad?). Tomo un baño. No siento nada. Las manos las tengo demasiado frías, los pies también, pero el pelo me escurre y eso me da más frío. ¡Qué rico es bañarse con agua calientita! Bendita la persona que inventó el boiler.

Y nada. Me pongo escribir que es otra de las cosas que más disfruto en la vida. Igual y ya los aburrí, pero lo más importante está por venir. ¿Por qué correr? ¿No era más fácil decir: “gooeeeeyyyy, está lloviendo, ¡regresa a esa cama calientita ahora mismo!, total, cuerpazo ya tienes (jajaja)”? Fuera de broma, aquí les van las 10 razones que encontré para levantarme:
1)    Porque para correr la respiración es básica y yo tengo que agradecer que puedo hacerlo perfecto, sin ayuda de ningún aparato ni nada por el estilo.

2)    Porque mi papá moriría de ganas de hacerlo, y por una enfermedad y una mala operación ya ni caminar bien puede, así que es mi manera de honrarlo.

3)    Porque tengo piernas, y aunque se dice fácil y “es normal”, hay miles de gentes que darían todo por un par.

4)    Porque tengo un excelente motivo por el cual ofrecer esta carrera. Alguien que me encanta, me motiva, que me hace querer crecer y ser mejor.

5)    Porque Toyota me regaló la cortesía y yo valoro mucho este tipo de obsequios (también los zapatos, las bolsas, la ropa y así, pero los detalles no tangibles me dan otro placer, como decía un conferencista, son las experiencias las que no se olvidan, no los objetos –al menos no todos).

6)    Porque la experiencia de correr con 7 mil personas (más/menos) es increíble, y es otro plus de vivir en una ciudad como el DF.

7)    Porque además de rezar, es la mejor forma que encuentro –y que me cuesta– para darle gracias a Dios por todas las bendiciones que me ha dado: salud, familia, trabajo, amigas, casa, fe, dinero, viajes… ¡ y tantas más!

8)    Porque hacer ejercicio es algo que me hace feliz, me encanta, me fascina, y hacerlo bajo la lluvia, aunque es una friega a nivel técnica, es delicioso. Esa sensación de voltear la cara hacia el cielo y casi poderte tomar las gotitas de lluvia es lo máximo. Claro que como dice Barney, si fueran de chocolate estaría mejor.

9)    Porque como todo en la vida, lo que vale la pena no es fácil. Tenemos que ganárnoslo. A mí esa medalla me va a recordar que ese día me levanté (aunque lo que quería era dormir), me rifé, corrí, llegué, me empapé, y si Dios quiere, que no me enfermé porque tengo unas defensas muy cañonas (decretando en todo momento).

10) Porque qué oso que me prepare tanto para algo y que por situaciones externas, no lo haga. Lo que yo aprendí hoy es que a veces las cosas no salen como queremos (yo hubiera querido que estuviera soleado, por ejemplo), pero tenemos que adaptarnos, ser flexibles y sacar lo mejor de cada situación. Hay cosas que dependen de nosotros (despertarnos, correr o no), pero hay otras sobre las cuales sólo tenemos la opción de reaccionar con su debida jeta o de ser propositivos. En mi experiencia, es mucho mejor la segunda opción porque le sacamos, o al menos intentamos, la mayor cantidad de jugo posible a los limones que nos tocaron para hacer esta limonada que es nuestra vida #decadaquiendepende.

11) EL PILÓN: Porque me rayaría que casada con hijos corriera con mi esposo; que él fuera empujando la carreola y yo con el perro (por cuestiones de peso, no por otra cosa). Eso sí, tendría que ser un perrito fit porque mi pequeño Max (es un basset hound) yo creo que al km. 3 se desmaya y cargarlo como que no es opción (está un poco pesado).

Namasté (con dedicatoria para mi maestro de yoga, que dijo en la clase que yo iba a representar al grupo en esta carrera, jijiji).  

Con mi medalla :) 

jueves, 16 de mayo de 2013

Olympus Has Fallen

Está hiper jalada, pero me encantó.
Aplausos a Gerard Butler, ¡guapísimo! Lástima que no lo reconocí jamás, hasta que vi el póster saliendo. Eso pasa cuando tu papá es el que escoge la película y por irte a comprar un frappé entras tarde... Anyways.


martes, 14 de mayo de 2013

A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III


Bianca Pescador al servicio de la comunidad 


Calzar zapato tenis (y no padecer de mis facultades mentales g.a.D) me permite comunicarles, avisarles, advertirles, transmitirles, recomendarles, sugerirles, rogarles ¡¡que no vayan a ver la película "Una mirada dentro de la mente de Charles Swan III"!! It's a waste of time and money... Neta qué onda con Cinépolis. ¿Como por qué la pone en VIP? Fue una tomada de pelo, la movie está FATAL, no tiene ni pies ni cabeza. ¡Augh! #terrible #WTF

En serio, aunque no tengan NADA que hacer, no vayan. Cualquier otra cosa resultará más productiva y amena que ver esta tontería. 

Lo único bueno fue que fui con mi amiwi Lalita... fuera de eso #Iwantmymoneyback!!! #Ididnotenjoytheshow




 

jueves, 9 de mayo de 2013

The Rules II


Amo a Ellen Fein y Sherrie Schneider. Les agradezco tanto…
La verdad su primer libro me hipermega encantó no sólo por los consejos, sino porque es un hecho y una realidad que funcionan. ¡Me consta! Lo experimenté en primera persona, así que tienen toda mi credibilidad.
Este segundo libro también fue un agasajo. Creo que es un must para toda chica que crea que el dating sí es un juego (aunque no nos guste aceptarlo) y que como todos los demás, tiene reglas, las cuales conviene conocer y respetar si se quiere ganar.
Déjenme les cuento que hace unos días fuimos a comer tres amigas y yo. Llegamos al restaurante a las 3:30 de la tarde y nos fuimos a las 8:30 de la noche. ¿De qué tanto platicamos? ¡De las Reglas! Hasta hicimos nuestro support group en WhatsApp, #jajaja (lo cual es una de las técnicas que se sugieren en el libro para practicar todo lo que ahí se dice). Ya saben, el apoyo moral de las amigas siempre resulta elemental para las situaciones de crisis con los galanes…
Anyways, ya se imaginarán que entre más platicábamos, más traumadas… Creo que nuestro principal error ha sido creer que poner el corazón ‘allá afuera’ es bueno, una actitud linda que debería ser valorada cañón por el hombre en cuestión. Y pues sí, pero no, no es así. Tristemente, nadie dice que no, pero así no funciona la cosa.
Yo sé que hay muchas niñas que opinan que lo mejor es ser honestas, abiertas y sinceras. Yo no digo que no (ni las autoras), pero todo tiene un momento y un lugar, y las primeras cuatro citas no lo son. Ahora, ¡ojo! Nadie dice que nos inventemos una vida ni que mintamos, ¡para nada! Pero la verdad muchachas (jaja), hagamos un análisis de nuestras conversaciones: el 99% de las veces hablamos de más, damos demasiados detalles y entre mujeres, pues ok, nos interrumpimos y así, pero pobres hombres, yo creo que a veces les damos una hue… flojera. Entonces hay que controlar el pico. A esto Ellen y Sherrie le llaman ser “misteriosa”. Lo cual en la época digital está cañón, razón por la cual me UURRGGEE leer su tercer libro. Pero la conclusión es que hay que protegernos y no dejarnos ir como burros descarriados a la primera llamada. ¿Como por qué? ¿Qué ha hecho el hombrecito, además de tener buenos genes y nacer guapo? Según yo, nada. Chaaaance y pedirnos el teléfono, pero come on! Creo que todas merecemos un poquito más que eso.
Así que, chicas, léanlo, practiquen todo y si les preguntan (ellos) si las están haciendo, finjan total demencia. Yo, por mi parte, prometo mantenerl@s al tanto de si las practico o no –y cómo me va– tan pronto como encuentre con quién (¡!).
Hasta ahorita, so far so good, sí, pero todavía no puedo presumir de nada. 

lunes, 8 de abril de 2013

Side Effects (Terapia de Riesgo)


¡Qué buena película! El otro día me dijeron que yo no era buena referencia porque todo me parecía bien… la verdad es que estábamos hablando de esmaltes… pero bueno, el tema es que, de veras, esta peli me tuvo sentada al borde del asiento con cara de pánico más de la mitad del tiempo que dura (106 minutos). 

Si la tuviera que resumir en una frase, sería: “para cabr…, cabr… y medi@”. Si y sólo si tenemos la conciencia tranquila. Me explico.

Emily y Victoria se pasan de listas, pero el Dr. Banks las descubre. ¡Bien por él que no accede a jugar el papel de víctima!

OK, pero luego pelea (“I want my life back!”) ¡y duro! Porque hello!, se queda sin trabajo, sin pacientes, sin familia, sin dinero, sin socios… ¡sin nada! Not nice! 

Pero en mi opinión, ¿cuál es la clave? Pues que como dice la frase: el que nada debe, nada teme. 

Verán: Lo malo de hacer cosas buenas que parecen malas es que, cuando salen a la luz (cosa que irremediablemente sucede) no tenemos la conciencia tranquila y en paz para resolver el problema cara a cara.

En cambio, cuando sabemos que hemos actuado bien, con la conciencia recta, sin dolo ni ganas de fregar a nadie ni nada por el estilo, otro gallo nos canta. 

Yo he estado en ambas situaciones y créanme que los resultados no se parecen en lo absoluto. De verdad no hay nada más padre que vivir con una cara y ser éticos en todo momento y en todo lugar, no queriendo quedar bien con los dos amos (porque a fuerzas con uno vamos a quedar mal).

Dicho esto, hay dos asuntos más sobre los que me gustaría hablar:

1) La depresión. Qué terrible debe ser para quien la padece. Sinceramente no me imagino, pero sé que existe y sé que es un problema real de un desbalance químico en el cerebro, osea que no son enchiladas, porque yo si a alguien le tengo respeto es al cerebro. Aplausos a Rooney Mara porque le creí todo, hasta que la cachan. Por cierto que ahora que me dedico a esto del mundo de la belleza, noté que cuando está feliz sale toda súper linda maquillada y peinada, y cuando está depre sale con el pelo todo desordenado y muy pálida. No cabe duda que nuestro exterior es un reflejo de nuestro interior… OK, en la peli es mentira, pero he ahí: es coherente con lo que quiere transmitir. Bonita=feliz, Descuidada=deprimida. No sé ustedes, pero en mí aplica perfecto. 

2) Lo impermanencia de todo lo que existe. El otro día leía que es importante hacernos conscientes de que todo se crea, se mantiene y se disuelve, incluido cualquier estado emocional. Es decir, no importa que tan enojados o contentos estemos, ese estado surgirá, se mantendrá y finalmente se disolverá. En el centro está la calma. ¡Aplausos al terapeuta interpretado por Jude Law porque qué manera de mantener la calma, señores! Qué inteligencia emocional tan bárbara, wow. Nunca pierde los estribos, please que me pase la receta (jaja, just kidding, si de por sí no me gusta tomarme pastillas para nada… ¡menos después de ver esta movie!).

La verdad su ecuanimidad me impresionó cañón porque, perdón, pero yo creo que yo me traumo si pierdo todo de un día para otro. No digo ‘me muero’ porque de cierta forma ya me ha pasado varias veces, pero la verdad es que sí son momentos en los que si uno no se agarra de Dios y de verdaderamente creer y confiar que todo es para un bien mayor, pues sí se termina uno deprimiendo.

Lo peor es que casi siempre pasa así, ¿a poco no? De repente estamos en la cima y en poquito tiempo, púmbale. Aloh, tierra! A mí eso me ha enseñado, quiero creer, a ser más humilde y compasiva. Pero no está fácil. Hay momentos de desesperación, y la verdad es que los humanos somos especialistas en rajarnos y dejar solos a los demás cuando más nos necesitan. Anyways. Así somos y ni modo, pero el Dr. Jonathan Banks me encantó por (guapo) inteligente, decidido, audaz y honesto. ¡Qué ética! Es que de veras siento que ya es raro encontrar gente así, de una sola cara.

Great movie, don’t miss it.

pd. no puedo no comentar las escenas lésbicas de Rooney y Catherine Zeta-Jones. Quite hot, if I might say so. Pero yo me quedo con Channing Tatum… ¡qué guapura de hombre! :) Y además su personaje me caía bien. Fuera de que era un #trácala, como que intentaba ser buen marido, hijo, amigo, ¿no? A mí sí me lo pareció... #myhumbleopinion

pd2. me encantó el título de la película. La verdad es que, si bien quizá no tooodas, sí la gran mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida tienen efectos secundarios, positivos o negativos, pero de que los hay, los hay. ¡Hay que estar atentos! O buzos caperuzos, como dice mi mamá. 

sábado, 6 de abril de 2013

Nosotros los Nobles

#WelcometotheProle Me hizo reír mucho. Aplausos a Gaz Alazraki por esta película. Primera vez que no me tengo que tapar los oídos en una película mexicana. OK, hay groserías, pero no más de las que decimos la mayoría. Además me gustó que se muestran las dos realidades del México de hoy: el fresa y el naco, el adinerado y el amolado, el de la opulencia y de la carencia. Porque aunque no nos guste y lo queramos cambiar, así es actualmente nuestro país.

Hubo un detalle que me dio risa y es que ese día yo había comido muy mal (sándwich, galletas, papas, etc.) entonces cuando llegué al cine, me iba a comer un bistec en un restaurante de afuera, pero ya no me daba tiempo, entonces me dice mi hermano: “¿por qué no te compras una baguette?”, y yo: “Mario, necesito proteína”. Jajaja #SufroComoNoble, como Javi en la película. Amo a Luis Gerardo Méndez, es mi actor mexicano favorito.

La escena de Bárbara lavando la ropa también me recordó a cuando en Misiones me ofrecí a ir a quién sabe dónde a lavarles las t-shirts a todas, sólo para regresárselas en unas condiciones que bueeeno, me pasé, nunca había visto un cuello tan mallugado. Así que me gané el apodo de Lady Bi, jaja. O cuando mi papá me dio el carro y un día pensé que estaba descompuesto. Cuando llegó el mecánico, le dijo a mi mamá (porque obvio le hablé y me fui) que no tenía nada; sólo le faltaba gasolina. En fin, #anécdotas.

Lo que me puso a pensar esta movie es si el fin justifica los medios y si para buscar el bien de alguien se vale echar mano de la mentira. Creo que la peli nos quiere decir que no, pero más importante aún, pienso que el mensaje principal es que no podemos juzgar porque a veces nuestra naturaleza limitada nos permite ver sólo eso: respuestas limitadas. Y en lugar de apelar al amor, apelamos al miedo. En lugar de buscar la verdad, nos envolvemos en mentiras. Pero al final TODO SALE y todo cae por su propio peso. Sin embargo, me quedo con que Germán Noble quería lo mejor para sus hijos y esa mentira es lo que mejor que se le ocurre; hace lo mejor en la circunstancia que le tocó vivir. ¿Y quiénes somos todos los demás para juzgar? Nobody!

¡Me gusta mucho la personalidad de Mr. Noble! De hecho, uno de mis escenas favoritas es cuando les dice a los hijos que na, nais. Que a él no lo van a hacer sentir responsable de que uno sea disléxico, el otro hippie y la otra bulímica. Porque la verdad, en esta vida cada quien es responsable de su vida. Eso de ver a quién le echo la culpa de mi enfermedad, de mi desgracia, de mi poca fortuna, nomás no checa. Yo me acuerdo de un novio que ¡qué desesperación! Todo el tiempo estaba: “es que mi papá”, “es que mi mamá”, “es que mis hermanastros”, “es que mis amigos”… FCS!!! Ya, ok, qué mala onda, pero get over it y vive tu vida sin responsabilizar/culpar a los demás de todo lo que no te gusta de ella. Mejor ponte las pilas ¡y cambia! Pero bueno, mejor corté. Esa actitud no la soporto, #sorry.

Otro detalle que me gustó de parte de los hijos es que dicen: ok, no quiero nada con mi papá, pero entonces no quiero NADA de mi papá... y le pagan renta por la casa a donde se mudan. Hay que ser coherentes y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. En este tema no me quiero meter mucho porque puedo tocar fibras sensibles de mucha gente que quiero, tanto a nivel familiar como laboral, así que mejor… sshhh.

Por último, felicidades a los actores. Karlita de repente exagera y sobreactúa, pero está preciosa, y la verdad su personaje me da risa: karma is karma, bitch. Primero súper pelada con el mesero, dejándole 4% de propina y luego, ¡tómele! Acaba de mesera en una cantina. En cambio su hermano, Javi, que era todo emprendedor y buena vibra, encuentra un socio inteligente y honesto, a diferencia de la bola de amigos mirreyes que tenía, que eran unos buenos para nada. El que me da ternura es Charlie, el hippie (Juan Carlos Gil) porque el acoso laboral NO ESTÁ COOL. Eso en México siento que debería estar más penado. Sin exagerar –como los gringous– pero sí tener más reglamentado el comportamiento en la relación jefe/subordinado.

Last but not least, Juan Carlos Gascón sí es de España… no de Puebla (jaja) y un comentario extra, sin oficio ni beneficio, es ¿qué pex con el botox y el tinte de Gonzalo Vega? Es un señor guapo que con las canas y las arrugas reflejaría experiencia; en cambio así lo que refleja es… No sé, no me gustó, se ve raro. Fuera de eso, ¡todo excelente! Felicidades de nuevo a @GazAlazraki por su ópera prima. ¡Qué súper manera de ingresar al mundo del cine!